Historia
La lectura tiene su origen en la aparición de la escritura en el 3500 a. C, cuando se utilizaba la arcilla como soporte para graficar, contabilizar bienes y mercadería, y retener información. La lectura se basó durante mucho tiempo en la comprensión de símbolos y códigos simples al que solo accedía una pequeña porción de la población que sabía escribirlos, leerlos e interpretarlos.
A través de los años, las diferentes civilizaciones desarrollaron una escritura cada vez más compleja y rica, ante la necesidad de trasmitir una mayor cantidad y calidad de información. A medida que la escritura se complejizó, la lectura se transformó en una actividad pública y oral. La imprenta moderna surgida en el siglo XV permitió la difusión de textos, lo que facilitó el acceso a la lectura. La aparición de los signos de puntuación y la separación entre caracteres hizo que fuera más simple interpretar los escritos. El estudio del aprendizaje de la lectura y escritura han tenido un notable impulso en las últimas décadas, de cara a los desafíos del presente siglo. El legado del siglo XX ha sido la universalización y la escolaridad primaria y secundaria y el incremento.
Todas las sociedades desde el antiguo Egipto han sido una sociedad de la información, la relación entre conocimiento, cultura impresa y educación son los pilares de su desarrollo a lo largo de toda la obra. (Laporte,2012)
En el siglo XVIII se produjo una revolución en la lectura con la aparición de la novela moderna y la expansión de la literatura en general. A partir del siglo XIX, la lectura se convirtió en un elemento clave de la educación y el desarrollo intelectual, y se comenzaron a crear bibliotecas públicas y programas de alfabetización.
En la actualidad, la Historia de la Lectura sigue siendo una disciplina relevante y en constante evolución, ya que la tecnología y los medios digitales están transformando la forma en que leemos y accedemos a la información.
Por medio de la lectura permite al lector identificar qué tipo de texto está leyendo y cuál es su finalidad. Ya sea un libro de ficción, un artículo científico, un manual técnico o cualquier otro documento, tener claro el objetivo de la lectura facilita la comprensión y el análisis del contenido.
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